El lugar era como un campus grande de una escuela, había un edificio con un salón grande en la planta baja, y al frente una alberca. Hacía frío.

Montábamos una especie de galería de fotos de escalada. Quien quisiera podía llevar sus fotos y las poníamos en las paredes. Había gavetas con cajones y algunas cosas de comida para vender. Cobrábamos 5 pesos por ver las fotos. En las gavetas estaba nuestra ropa, las mochilas, como si poco a poco ese lugar se estuviera convirtiendo en nuestra casa…

Llegaban tu ma, tu abue y tu hermana. Yo llevaba días sin verte, no sabía dónde estabas y aunque te buscaba en la galería habías dejado encargados para todo, cobrar, vender, y quienes habían organizado un concurso con las fotos.

Una niña llegaba corriendo, “Guillermo ganó el primer lugar” me decía. Yo estaba paseando con tu familia. Hacía más frío. Llegábamos a la alberca de enfrente y buscábamos pedacitos de sol. Platicábamos un rato, pensábamos en los posibles lugares dónde encontrarte, y me decían cosas que me hacían sentir mejor. Había algunas personas nadando en el agua fría, yo pensaba que iban a congelarse.

De repente, yo les decía que iba a ver si estaba tu mochila en la galería. Llegaba y todos me veían raro, sabían quien era pero me veían raro. Buscaba en las gavetas, en los cajones, encontraba ropa tuya y mía, pants, y de repente encontraba tu mochila con tus llaves, entonces sigue por aqui, pensaba.

La misma niña llegaba diciéndome que ahi venías. Yo me moría de nervios, me temblaban las manos, pero deseaba inmensamente verte. Llegabas y empezabas a preguntar como habían ido las cosas, yo me acercaba poco a poco. Me veías, me acercaba y me recibías con un beso en mis labios. Acariciaba tu cabello, limpiaba un poco tus ojitos. Sonreías y me decías: me duele el estómago, otra vez cené pan.

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